>micosapiens

octubre 27, 2007

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Luis Sepúlveda. “Un viejo que leía novelas de amor”. Tusquets editores. Página 66:
En la región de los micos, región de vegetación elevada, vació unas docenas de cocos para preparar las trampas. Lo aprendió con los shuar y no era difícil. Bastaba vaciar los cocos haciéndoles una abertura de no más de una pulgada de diámetro, hacerles en el otro lado un agujero que permitiera pasar una cuerda y asegurarla por dentro mediante un apretado nudo ciego. El otro extremo de la cuerda se ataba a un tronco y finalmente se metían algunos guijarros en la calabaza. Los micos, observándolo todo desde la altura, apenas esperarían a que se marchara para bajar a comprobar el contenido de las calabazas. Las tomarían, las agitarían, y al escuchar el sonido de sonajero producido por los guijarros meterían una mano tratando de sacarlos . En cuanto tuvieran una piedrecita en la mano, la empuñarían, los muy avaros, y lucharían inútilmente por sacarla.
La noche que leí esta historia soñé que, sin entender, comprendía un poco más de muchas cosas; de mi dolor de cabeza, de un resentimiento inconfesable, del dowjones, del cambio climático… En el sueño uno de los micos sonreía y, soltando la piedra, sacaba la mano de la calabaza. Acariciaba la calabaza suavemente, como si fuera algo precioso, y alargando el brazo desataba el nudo que la unía al tronco. Después se marchaba sereno, llevándose en las manos la calabaza y, dentro, los guijarros.

>Símbolos

octubre 24, 2007

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Desde un punto de vista, la campanita simboliza al hueso; desde otro, el sonar de la campanita simboliza el salivar del perro.
En cierto modo, el conductismo está infravalorado, quizás porque buscó causa-efecto donde había condicionamiento, ciencia donde había metáforas, lógica donde había sueños.
El tótem simboliza la verdad, y el cruzar de espadas el rezo.

>lenguajear

octubre 22, 2007

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Salían juntos a cazar desde hacía muchos años, casi desde que el resto de habitantes del poblado habían empezado a tratarlos como adultos.

Se entendían a la perfección. Una mirada o un leve gesto indicaba la presencia de la presa, y sus acciones se coordinaban entonces como si fueran uno solo.

Aquel día algo cambió. El que caminaba delante se paró de manera repentina. Señaló a un lado y, por primera vez, susurró: “ciervo”. Aquel día, su compañero no miró al ciervo. Al escuchar aquel extraño sonido, lo miró a él.

>El ataque de la razón

octubre 17, 2007

> Gore acaba de publicar “El ataque contra la razón”. No le he leído, y seguramente no lo haré de momento, no porque no me interese, sino por falta de tiempo. El título y los resúmenes que sí he leído, sin embargo, me sirven como excusa para repetirme.

No creo que nuestra sociedad carezca de profundas discusiones racionales. Más bien me parece que está saturada, “atacada”, de ellas. El asunto está en que los intereses, puramente emocionales, demasiado humanos, no se reconocen, y se disfrazan de racionalidad. Y la lógica, cuando se separa de los sentimientos, es maquinal, soporta cualquier argumentación. Perdonad que recurra, otra vez, a la frase de Humberto Maturana: “la objetividad, un argumento para obligar”.

Si hay alguna vía por la que ese escenario “requiem” que, paradójicamente, ha dado fama mediática y contratos a Gore, vaya a ser evitado, no es, no será, la vía de la razón, sino la de los sentimientos y la emoción. La razón necesita ser atacada, desenmascarada, y puesta en su lugar. La “necesidad” racional ha de ser reconocida como manejada por las aspiraciones y la voluntad.

>Para Elisa

octubre 15, 2007

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Vivía a varios milenios luz de la Tierra. El viaje era tan largo que al llegar se pensaba ya otro diferente. Observó con detenimiento y adoptó una apariencia vulgar, la mejor para seguir observando y pasar desapercibido.

Su especie era especialmente sensible al sonido. Por eso, de todo lo que presenció en la Tierra fue aquella música lo que más le impresionó. Se acercó al piano mientras sonaba “Para Elisa”. Analizó instrumento y pianista y sacó sus conclusiones. Después lo plasmó todo en una arma secreta que llamaba “pagüerpoink”, y regresó a su planeta.

Pasó el resto de sus días dando conferencias sobre el “paraelisófono” , aquel artefacto maravilloso.

>Bellas y Bestias

octubre 11, 2007

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Una película de la serie del inpector Wallander. El diálogo, en versión muy libre, era algo así:

  • Nunca hubiera esperado encontrarte aquí, precisamente donde vive él
  • Decidí creerme lo que dicen los cuentos, que el malo es muy malo porque no tiene a nadie que le quiera
  • ¿Y?
  • Bueno, que quizás me tocaba a mí ser quien le quisiera a él

>Descubrir

octubre 10, 2007

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Creo que era Miguel Angel Buonarotti el que decía que él sólo liberaba, con su cincel, las estatuas que ya vivían en la piedra.

Hace unos días me encontré con una frase de Alfredito Lago que viene a decir lo mismo:

“Todas las respuestas están ahí: sólo duermen a la espera de las preguntas que las despierten”

Las preguntas que nos hacemos actúan como polos de atracción, como cinceles de artista, que acaban definiendo nuestra obra.

>Mido luego existo

octubre 8, 2007

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Es cierto, para aprender se tiene que dar feedback o retroalimentación. Necesito recibir el impacto de mis acciones para sentir la necesidad del cambio, y obtener pistas de cómo mejorar.

Hasta aquí de acuerdo. No tanto con el hecho de que la medición sea un mecanismo imprescindible para el feedback. Más bien es un medio necesario casi siempre para la ciencia, pero en absoluto para la vida.

La base del feedback no es, insisto, NO ES la medida objetiva, sino el impacto emocional. Me dispongo a aprender a partir del sentimiento de preocupación, sorpresa, dolor, curiosidad, ilusión, miedo, placer… La medida puede ayudar, ya que facilita el ver, pero tambien es una forma, a veces, de mirar hacia otro lado. Y ya se sabe que ojos que no ven…

La obsesión por medir se puede convertir en un hábito adictivo que consume la energía de muchos, víctimas de un “mido luego existo” que encuentra en su propio espejismo de la cantidad -o cualidad- objetiva la mayor barrera para dejarse cuestionar.

>Escribano

octubre 5, 2007

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Me decía un joven empresario al que admiro por su capacidad y su éxito:
“Vale, Alfonso, esas cosas que escribes… supongo que alguna es interesante y hasta me resulta bonita, aunque a veces, permíteme que te lo diga, resultas un poquito cursi. Pero, j…, te juro que no lo entiendo ¿que h… pretendes que tenga toda esa palabrería que ver con mis negocios?”
Y claro, esa, precisamente esa, es la cuestión.

>Paisaje

octubre 4, 2007

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Cada día hacía un pequeño trazo, añadía una pincelada. Era un pintor de paisaje. Sí, de paisa-je. Le preocupaba que su vida no fuera suficiente para pintar aquello que tenía ante sus ojos, pero no podía, no quería, darse prisa, pues pensaba que entonces el paisaje sería el de un día, el de un año, el de una sola década de su vida. Y él no sólo pintaba el espacio: necesitaba tiempo, mucho tiempo, para pintar el tiempo.

Era ya anciano y su muerte comenzaría a acercarse pronto, a mostrarse discreta como sus propios trazos. Tenía que preguntar. ¿Habría conseguido pintar su paisaje?

-¿Qué ves aquí? –preguntó a una mujer que pasaba por allí

-Veo un niño –dijo ella, y continuó- y un joven, y un hombre adulto, y un anciano, todos cumpliendo su destino, todos pintando: Veo… un hermoso retrato.

(Para ti Leyre, que hace un rato me lo has dictado. Gracias)


>Comentarios

octubre 3, 2007

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Alguna vez recibo en este blog comentarios, juicios de valor, que hacen referencia a personas citadas aquí. Todo el mundo tiene sus amigos y sus enemigos. Cuando me fui de algún lugar nunca dejé a todo el mundo triste. Muchos se alegraron. Yo me entristecí de dejar de ver a unos y me alegré de perder de vista a otros. Cómo se dice… ¿quid pro quo?. Y nada, nada, que ver con el ojo por ojo…

Permitidme que no publique ese tipo de comentarios. Cuando sean sobre mí quizás me lo pueda plantear, y – me comprometo- hasta agradeceré en privado a quien me los mande; pero si son sobre terceros… aclarad vuestras deudas con ellos…


>Protección

octubre 2, 2007

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Aquella mañana su mirada fue diferente.
No le gustaban las visitas: su sentimiento ante los intrusos iba y venía entre la molestia y el miedo.
Compró un cachorro de aspecto cándido que, según le aseguraron, con el tiempo y un buen entrenamiento se convertiría en un guardián fiel y feroz.
La primera víctima fue un repartidor de propaganda que acabó devorado como una de las pizzas que anunciaba. La segunda una tímida encuestadora que hacía una prospección sobre las relaciones sociales en las ciudades modernas.
Se corrió la voz. Nadie volvió a acercarse a la casa.
Aquella mañana, cuando se disponía a salir hacia la oficina, se encontró con el perro guardián que daba, esta vez, la espalda a la puerta. Aquella mañana su mirada fue diferente…

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